
Necesidades y derechos

Es reconocido que las primeras intervenciones claras del Estado dentro del campo de las políticas sociales comenzaron en la Argentina a partir de 1943. Los intentos anteriores fueron “esporádicos, mal organizados y con un bajo nivel de impacto real en las necesidades de la población”, según el investigador Juan Manuel Carballeda.
El nuevo sentido asignado a partir de entonces a las instituciones de salud, acción social o educación, con modalidades inusuales, cobró un carácter simbólico que aún hoy permanece en la conciencia colectiva.
Fue clave en esta materia la profunda renovación de normas laborales implementada desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Política social
Luego, el gobierno electo en 1946 sistematizó las políticas sociales, básicamente a través del Primer Plan Quinquenal, del recién creado Ministerio de Salud y de la Fundación de Ayuda Eva Perón.
Esta última funcionó inicialmente sin mayor planificación, de acuerdo con el criterio de su conductora: "llegar a los lugares donde la Justicia Social aún no ha llegado". Definió Eva: “No es filantropía ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto éste".
La Fundación pasó a ocupar el lugar que había tenido hasta entonces la Sociedad de Beneficencia, pero con una nueva concepción, dirigida a sujetos de derechos y ya no destinatarios de la caridad.
“La acción social lo coloca (al beneficiario) en otro lugar, digamos de acreedor de una deuda que la sociedad tiene para con él”, explica Carballeda. Eva lo dijo con sus propias palabras: "Yo pretendo al menos que ningún hijo de oligarca, aún cuando vaya al mejor colegio y pague lo que pague, sea mejor atendido ni con más cariño que los hijos de nuestros obreros en los hogares de la Fundación. Por eso también ningún oligarca. por más dinero que tenga podrá ser mejor atendido en ningún sanatorio del país, ni tendrá más comodidad y más cariño que los enfermos en los policlínicos de la Fundación. La razón de mi actitud es bien sencilla: ¡Hay que reparar un siglo de injusticias !”.
Ya al volver de su gira externa de 1947 señaló que "las obras sociales de Europa son, en su mayoría frías y pobres. Muchas obras han sido construidas con criterios de ricos ...y el rico cuando piensa para el pobre, piensa en pobre".
Reparaciones
Más claro aún, continuó Evita en otra ocasión: “Yo no tengo ningún escrúpulo en hacer obras que construye la Fundación, incluso con lujo, tal vez podría cumplir igualmente su misión con menos arte y menos mármol, pero yo pienso que para reparar el alma de los niños, de los ancianos y de los humildes, el siglo de humillaciones vividas, sometidos por un sistema sórdido y frío, es necesario traer algo de mármoles y de lujo. Es decir, pasarse si se quiere un poquito al otro extremo en beneficio del Pueblo y de los humildes".
Demás está decir que ese "pasarse al otro extremo" fue una de las críticas que la Fundación recibió en casi toda su existencia. Eva, sin embargo, al cuestionar el paradigma previo instaló una nueva lógica en el imaginario popular.
Como enseñó con toda su pasión, la atención de las necesidades más urgentes no es aleatoria ni una decisión voluntaria de asociaciones privadas, religiosas o empresarias, sino un derecho exigible al Estado.
* Autor del libro EL MONSTRUO Y LA FIESTA, barricadas peronistas y opositoras allá lejos y hace tiempo (Ediciones Ciccus, 2023).


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