Máxima tensión en Chile: 15 muertos

Actualidad 22 de octubre de 2019 Por
Lo que comenzó como una marcha de estudiantes y de grupos sindicales volvió a convertir ayer a la capital chilena, donde viven siete de los 18 millones de habitantes del país, en un campo de batalla.
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Por la noche, el presidente Sebastián Piñera anunció de modo oficial la suspensión de la suba de los pasajes de los trenes subterráneos y dijo que su gobierno está evaluando iniciativas para paliar las iniquidades sociales. También afirmó que los actos de vandalismo le costarán millones de dólares al Estado.

Durante la tarde, policías reprimieron con gases lacrimógenos las protestas que comenzaron hace cuatro días y que hasta ahora dejaron un saldo de 15 muertos.

Imágenes de la televisión mostraron camiones lanza agua de los Carabineros avanzando por las calles del centro de Santiago mientras uniformados arrojaban gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. En la plaza Italia, miles de personas que resistieron la represión policial volvieron a reagruparse y protagonizaron una gigantesca protesta. Más allá de las demandas por la tarifa del subterráneo, pedían mejores salarios, rebajas en precios de medicamentos y mejores pensiones.

Muertos, heridos, detenidos

Patricio Acosta, presidente de la Cruz Roja chilena, dijo que en el lugar atendieron a unas 100 personas, el 90% con heridas de balines de goma. El Instituto Nacional de Derechos Humanos informó ayer que desde el inicio del estallido social, 1.333 personas fueron detenidas y 37 personas fueron heridas por armas de fuego.

Los muertos en los disturbios se elevaron a 15 ayer, anunció el ministro del Interior, Andrés Chadwick, que precisó que 10 fallecieron calcinados y uno fue baleado por militares.

El general de las fuerzas militares a cargo del orden público, Javier Iturriaga, decretó por tercer día consecutivo un toque de queda nocturno. La misma restricción se aplica en una decena de ciudades del interior.

Desde la mañana de ayer, la gente hacía largas filas en los supermercados para abastecerse ante el temor de que se repitieran los saqueos del fin de semana, que paralizaron buena parte de las actividades en Santiago. El transporte público funcionaba con muchas limitaciones.

Una hora antes de la vigencia del toque de queda en el Gran Santiago, se registraban al menos tres saqueos a supermercados, los más afectados por hechos vandálicos después del subterráneo. En ciudades del interior se informó de otro saqueo y del incendio de una farmacia por manifestantes.

En distintos suburbios capitalinos volvieron a sonar las cacerolas en señal de descontento.

Además, en muchos suburbios, el temor a los saqueos llevó a que centenares de vecinos se organizaran vistiendo chaquetas amarillas y portando fierros, palos y hasta palas para defenderse.

División social. En varios suburbios santiaguinos surgieron grupos de autodefensa con vecinos que se distinguen entre ellos por el uso de chaquetas amarillas, muy extendidas en Chile porque son exigidas a todos los conductores por la Ley del Tránsito. Miembros de estos grupos reaccionan nerviosos ante transeúntes o conductores que se acercan a sus viviendas, por lo que levantan palos, fierros y hasta palas.

Alarma. Esta es la primera vez que Chile vive en estado de emergencia y toque de queda desde que se recuperó la democracia en 1990. Ni siquiera en las multitudinarias protestas contra la dictadura militar que se iniciaron en 1983, ferozmente reprimidas por los militares, se vieron los actos de vandalismo como los de los últimos días.

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