Quilmes: El Capitán del Espacio es un icono sureño

Sociedad El martes Por
Posiblemente todos los argentinos que han vivido o visitado algún kiosco del conurbano bonaerense han sido atraídos por ese envoltorio brilloso color plata, dorado o de un extraño color verde de uno de los mejores alfajores que existen: El Capitán del Espacio.
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Para contar debidamente la historia de este Capitán, hay que empezar por el comienzo. El alfajor, como muchos otros dulces y comidas, fue heredado del Viejo Continente. El primer alfajor se llamó al-hasú, que significa “relleno” en árabe. Este primo hermano de nuestro alfajor aún se sigue fabricando en la zona de Andalucía, España. Esta región estuvo anteriormente ocupada por los árabes, y así fue cómo los españoles adoptaron esta receta para adaptarla con el paso del tiempo. La receta más parecida a la nuestra consiste en dos obleas rellenas de una masa de almendras, miel, pan molido, clavo, canela y anís. Es probable que al leer esos ingredientes uno ya se sienta satisfecho o tal vez empalagado, por eso el consumo de cualquier alfajor (español o argentino) debe ser moderado dadas a las calorías que contiene, en especial para las personas que no realizan ningún deporte o que por gajes del oficio permanecen en oficinas, o los jugadores profesionales de póker o videojuegos, los cuales deben llevar una dieta planificada. Aunque durante el tiempo libre cualquiera debería darse el capricho de probar esta sabrosa receta.

Alrededor del siglo XV, llegaron los primeros alfajores a América Latina, vinieron en los barcos españoles y eran dados como raciones a las tropas. Se dice que, en 1853, cada congresal se llevó alfajores luego de la firma de la Constitución Nacional. El Código Alimentario Argentino lo define de la siguiente manera:

“Se entiende por Alfajor el producto constituido por dos o más galletitas, galletas o masas horneadas, adheridas entre sí por productos, tales como mermeladas, jaleas, dulces u otras sustancias o mezclas de sustancias alimenticias de uso permitido.” Artículo 761bis – (Resolución Conjunta N° 196/2001 y N° 1020/2001)

En esta definición, se señala, además, que los alfajores podrán estar cubiertos por baños de repostería o similar y contener frutos secos, coco rallado u otros adornos que el Código admita.

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La industrialización de los alfajores llegó en la década del 50 de la mano de grandes marcas de galletitas como Havanna, Bagley, Terrabusi o Balcarce. Hoy son más de 30 las marcas que están en el mercado y se estima que se consumen en el país más de 6,000,000 de alfajores al día.

Ahora que ya estamos inmersos en el mundo del alfajor, podemos abordar la creación de uno de los iconos bonaerenses. La historia comienza el 2 de febrero de 1962 cuando dos amigos, Arturo Amado y Ángel Lineo De Pascalis, fundan una pequeña empresa de alfajores en Ezpeleta. Existe muy poca información, pero varios mitos, sobre el nombre que le pusieron y el origen de su logotipo. Estos dos amigos jamás invirtieron en publicidad, simplemente.

dejaron que el boca en boca les abriera camino alegando a que ellos fueron “los primeros en la conquista del buen gusto” como indican en su página web.

En sus comienzos, toda la línea de producción era artesanal, brindándole así a cada dulce empeño y dedicación. Al ser una empresa chica, solo se distribuían por los alrededores, pero con el paso del tiempo y, el éxito que fueron obteniendo, la empresa se muda a la calle Gran Canaria en la localidad de Quilmes el 23 de diciembre de 1971, lugar donde hasta el día de hoy permanecen. Blanco, Chocolate, Fruta y Triple de Chocolate son las cuatro únicas variantes que comercializan a un número reducido de comerciantes, ya que, por sus dimensiones y la negación acertada de industrializar por completo la cadena de producción, evitan que puedan expandirse a más zonas del país.

En sus comienzos, toda la línea de producción era artesanal, brindándole así a cada dulce empeño y dedicación. Al ser una empresa chica, solo se distribuían por los alrededores, pero con el paso del tiempo y, el éxito que fueron obteniendo, la empresa se muda a la calle Gran Canaria en la localidad de Quilmes el 23 de diciembre de 1971, lugar donde hasta el día de hoy permanecen. Blanco, Chocolate, Fruta y Triple de Chocolate son las cuatro únicas variantes que comercializan a un número reducido de comerciantes, ya que, por sus dimensiones y la negación acertada de industrializar por completo la cadena de producción, evitan que puedan expandirse a más zonas del país.

Arturo luego de unos años se retira, quedando Ángel al mando del negocio y evitando así modificar el sabor y la calidad de los alfajores pese al avance de la tecnología y maquinaria. Tras fallecer Ángel en el 2012, quedó a cargo de la empresa Mario Díaz, quien se esfuerza día a día para continuar con el legado, pocos clientes y la misma elaboración. La historia del Capitán del Espacio se vio amenazada por un incidente a mediados del año pasado, dado a que aproximadamente 50 familias dependen de la fábrica, igualmente, se decidió mirar hacia adelante y continuar con el proyecto.

En la era de las multinacionales y la innovación permanente, Capitán del Espacio continuará siendo un caso extraño. Seguirá siendo el alfajor que nos acompañó en la infancia a cientos de habitantes del sur de Gran Buenos Aires, y también un enigma para quienes aún no lo han probado.

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